Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

La policía investiga si el detenido en Valdepeñas mató a dos jóvenes más

La policía está investigando la posible relación de Gustavo Romero Tercero, presunto asesino de tres personas en Valdepeñas (Ciudad Real) a lo largo de diez años, con las muertes de otras dos jóvenes: Juani Díaz, de 31 años, asesinada en su casa de Herencia, en febrero pasado, e Inmaculada Arteaga, de 15, muerta el 18 de marzo de 2001 en Campo de Criptana. Según fuentes de las pesquisas, la mecánica de estos crímenes presenta similitudes con la de Rosana Maroto, quien fue estrangulada por un móvil sexual y cuyo cadáver fue hallado anteayer de un pozo seco.

La policía va a remitir las muestras de ADN de Gustavo Romero a la Guardia Civil para que analice si hay alguna relación entre ambos crímenes y Gustavo Romero. También se están rastreando casos de desapariciones de jóvenes en Las Palmas de Gran Canaria, donde residió Romero, quien tiene dos hijos. El caso que más similitudes presenta es el de la joven Inmaculada Arteaga: fue asesinada de un fuerte golpe en la cabeza y su cuerpo fue abandonado al borde de un camino de tierra en la sierra de los Molinos. El crimen de Juani Díaz es muy diferente: fue hallada en su casa, atada a una escalera, con un cable anudado al cuello y una cuchillada. Romero supuestamente trabajó en dicha localidad hasta días antes del asesinato.

Las pesquisas apuntan a que el móvil de todos los asesinatos de Romero es sexual. De hecho, una testigo protegida ha declarado que el detenido la estuvo observando cuando se besaba con su novio en el parque donde luego fueron asesinados a puñaladas Ángel Ibáñez y Sara Dotor y que, cada vez que cambiaban de banco, el mirón hacía lo propio para seguir observándolos. Además, la esposa de Romero, Yolanda Saez, ha declarado, al parecer, que tras el asesinato de los novios no volvió a ver las bermudas y la camiseta blanca con la que su marido regresó a casa a la 1.25 del 20 de junio de 1993. También le perdió la pista a dos navajas que solía usar el detenido. Las fuentes consultadas apuntan a que ya entonces la mujer sospechó de él, pero que no se decidió a implicarle hasta que, tras recibir una paliza, le sugirió que todo le daba igual porque ya había matado a varias personas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 18 de octubre de 2003